Venezuela: el oficialismo llama a recuperar el Parlamento mientras Juan Guaido apuesta al boicot

En estas elecciones legislativas del 6 de diciembre, los simpatizantes de Nicolás Maduro insisten en acudir a las urnas para asegurar el control del único órgano de poder que aún conserva la oposición. Una misión que se asoma sencilla, dado que los principales grupos detractores han desconocido la convocatoria a los comicios, a los que califican de «farsa».

Venezuela se sumerge en un nuevo proceso electoral, marcado por la euforia del chavismo y el no reconocimiento de la oposición. Este domingo 6 de diciembre, un total de 20.710.421 de ciudadanos están llamados a votar para definir a la mayor cantidad de legisladores de la historia entre un número récord de postulantes.

En total, unos 14.400 aspirantes buscarán quedarse con los 277 escaños en juego, 110 más que en los últimos comicios parlamentarios. Son 107 las agrupaciones políticas que presentaron candidatos, de las cuales solo 36 son organizaciones nacionales y el resto pertenecen a formaciones con representación local, zonal o regional. A la nueva Asamblea Nacional también regresarán los representantes indígenas, cinco años después de que una orden judicial ordenara la expulsión de sus parlamentarios.

Y aún así, son unas elecciones altamente cuestionadas, a las que una porción mayoritaria de la población respondería con apatía. Según la encuestadora Datanálisis, la participación sería cercana al 30%, similar al porcentaje de 2005, cuando la oposición mayoritaria tampoco participó.

Con los principales partidos opositores plegados al llamado a la abstención, las alternativas al gobernante Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV) son limitadas y, en muchos casos, están marcadas por su cercanía al chavismo.

Las grandes formaciones opositoras llamaron al boicot pero, aún así, sus nombres, colores y símbolos estarán presentes en la tarjeta electoral. Esto se debe a que varios de ellos fueron intervenidos por el Tribunal Supremo de Justicia (TSJ), órgano que desplazó a los líderes elegidos por su militancia e impuso a antiguos dirigentes, muchos de los cuales fueron expulsados previamente por sus compañeros.

También participarán sectores opositores que se han mostrado abiertos al diálogo con el chavismo, entre ellos, El Cambio, espacio liderado por el excandidato presidencial Javier Bertucci. A este grupo parecía sumarse Henrique Capriles, que se despegó del bloque principal opositor liderado por Juan Guaidó, aunque finalmente rechazó la posibilidad de acudir a las elecciones por considerar que no existen las garantías.

El tercer grupo de partidos participantes lo integran agrupaciones consideradas cercanas al chavismo. Partidos como Patria Para Todos (PPT) o Tendencias Unificadas para Alcanzar el Movimiento de Acción Revolucionaria Organizada (Tupamaro) también fueron intervenidos por el TSJ y sus miembros son abiertos simpatizantes del oficialismo.

Mientras que el Partido Comunista de Venezuela (PCV), tradicional aliado del PSUV, conformó un bloque con varias organizaciones chavistas, la Alianza Popular Revolucionaria (APR), que recibe el apoyo de las directivas del PPT y Tupamaro que habían sido escogidas por los militantes.

En este contexto, los comicios no contarán con el respaldo de organismos internacionales como la Organización de Estados Americanos (OEA) y la Unión Europea (UE) y tampoco tendrían mucho apoyo de la población, desencantada con la frágil democracia de su país y más preocupada por sobrevivir a una crisis aguda y prolongada.

Archivo: La falta de dinero procedente de las remesas ha hecho que miles de venezolanos que dependían de ellas, dejen de comprar productos básicos de la canasta. Imagen de Caracas, Venezuela, el 14 de julio de 2020.
Archivo: La falta de dinero procedente de las remesas ha hecho que miles de venezolanos que dependían de ellas, dejen de comprar productos básicos de la canasta. Imagen de Caracas, Venezuela, el 14 de julio de 2020. © Miguel Gutiérrez / EFE

Actualmente, un 96% de los habitantes de Venezuela se encuentra en la pobreza. Millones perciben menos de cinco dólares al mes, la inflación acumulada de 2020 alcanza un 1.798,57%, el valor del bolívar cae a diario y el PIB suma seis años de contracción.

El chavismo, a la caza del último órgano de poder opositor

Indiferente al boicot opositor y los cuestionamientos internacionales, el oficialista Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV) ha encarado una campaña intensa para llamar a sus simpatizantes a las urnas.

Este lunes 30 de noviembre, en un acto multitudinario en el sureño estado Bolívar –con escaso cumplimiento de las medidas de prevención frente al Covid-19–, el vicepresidente del PSUV, Diosdado Cabello, arengó a «salir a votar con mucha disciplina» para conseguir una «venganza popular» contra una oposición que, según él, «le hizo daño al país».

Con la victoria electoral prácticamente garantizada de antemano, el llamado de Cabello y los líderes del oficialismo parece apuntar más a lograr que la participación sea lo más alta posible. Para el referente chavista, la oposición saldrá derrotada, tanto «la que llama a no votar, porque el pueblo va a salir a votar», como «la que está participando porque ellos no se prepararon, porque ellos también apostaron al golpe de Estado».

Al margen del reconocimiento o no de la oposición o de organismos electorales a estos comicios, para el chavismo la ecuación es simple: un triunfo significaría arrebatarle el último bastión de poder a sus detractores. La Asamblea Nacional es controlada por la oposición desde 2015, más allá de que en la práctica no pudo promover normativas, ya sea por el veto del Ejecutivo o por la declaración del Tribunal Supremo que consideró a la cámara en desacato y declaró nulas todas sus decisiones.

Para la reconquista del Parlamento, el chavismo apuesta a algunas caras conocidas, como el ministro de Comunicación, Jorge Rodríguez, o el hijo del presidente, Nicolás Maduro Guerra. También buscarán su reelección el propio Cabello o la esposa del mandatario, Cilia Flores.

La oposición llama al boicot y promueve una consulta, pero se queda con poco margen de maniobra

Desde el momento que el Gobierno convocó a las elecciones parlamentarias en Venezuela, el grupo mayoritario de la oposición –liderado por el todavía presidente de la Asamblea Nacional, Juan Guaidó– instó a abstenerse de acudir a las urnas por considerar el proceso como una «farsa».

En su lugar, Guaidó ha convocado a una consulta no vinculante, que se realizará de forma presencial el 12 de diciembre y preguntará a los ciudadanos si apoyan o rechazan las elecciones legislativas del 6 de diciembre. Una iniciativa con la que busca medir el respaldo a su figura, pero que también carece de la transparencia y garantías necesarias. Además, de acuerdo a Datanálisis, la consulta tampoco atraería demasiado a los votantes y la participación se estima en un 39%.

Aún desconociendo los comicios parlamentarios, la oposición se enfrenta a un escenario difícil porque desde el 5 de enero próximo, la Asamblea Nacional volverá, muy probablemente, a manos del chavismo y los detractores del oficialismo se quedarán sin su último bastión.

Si antes era difícil llevar a la práctica las iniciativas opositoras –porque el Parlamento también fue bloqueado por el chavismo–, el armado liderado por Guaidó deberá encarar su programa desde una posición de debilidad, con su figura desgastada de cara a la sociedad y el apoyo internacional puesto a prueba.

De momento, Guaidó sostiene que su liderazgo en la Asamblea Nacional seguirá «firme» hasta que haya «elecciones libres» en Venezuela, más allá de que constitucionalmente se acabará con la puesta en marcha del nuevo Parlamento desde el 5 de enero.

Opciones como el diálogo con el oficialismo aparecen lejos en el horizonte y el margen de maniobra de la oposición parece cada vez más estrecho.

Con EFE