Joe Biden quiere negociar con Nicolás Maduro elecciones por sanciones

Pese a que Estados Unidos sigue considerando a Juan Guaidó »presidente interino de Venezuela», una vez se posesione al frente de la Casa Blanca, el presidente electo Joe Biden abriría canales de diálogo con el régimen de Nicolás Maduro.

Esto con el propósito de “poner fin a la peor crisis económica y humanitaria del hemisferio occidental”, según publicó Bloomberg citando a tres fuentes del alto gobierno estadounidense “familiarizadas” con el tema.

De acuerdo con esta información, el equipo del presidente electo revisará las sanciones que Estados Unidos ha dictado contra el gobierno de Venezuela para “determinar dónde ampliar las restricciones con la ayuda de aliados internacionales y qué medidas podrían levantarse si Maduro avanza hacia una posición democrática”.

Esto con el propósito de “poner fin a la peor crisis económica y humanitaria del hemisferio occidental”, según publicó Bloomberg citando a tres fuentes del alto gobierno estadounidense “familiarizadas” con el tema.

De acuerdo con esta información, el equipo del presidente electo revisará las sanciones que Estados Unidos ha dictado contra el gobierno de Venezuela para “determinar dónde ampliar las restricciones con la ayuda de aliados internacionales y qué medidas podrían levantarse si Maduro avanza hacia una posición democrática”.

Para esto, la Casa Blanca esperaría que los respaldados a Maduro desde gobiernos extranjeros, como Rusia, China e Irán, jueguen un papel clave, sin olvidar también al gobierno de Cuba, que ha mostrado interés en mejorar las relaciones con Estados Unidos.

Por otro lado, asesores de Biden calificaron a la crisis de Venezuela como “el mayor desafío diplomático que enfrentará en el hemisferio occidental”, dado que la cifra de personas que han huido de ese país en los últimos años supera ya los cinco millones.

Gente que escapa de una “convulsión económica implacable marcada por violencia de pandillas, cortes de energía, escasez generalizada de alimentos y la hostilidad del gobierno de izquierda hacia la oposición”.

El pasado 8 de diciembre, Maduro dijo que esperaba abrir “vías de comunicación y diálogo” con el gobierno del presidente electo de Estados Unidos, tras la tirantez con la administración de Donald Trump.

“Siempre hemos estado dispuestos y siempre estaremos dispuestos a entablar relaciones de comunicación, de diálogo y de respeto”, dijo Maduro en su momento en una rueda de prensa con corresponsales en Caracas.

Esperemos que se instale el nuevo gobierno del señor Joe Biden, esperemos que ellos tengan tiempo de pensar y esperemos que se abran posibilidades de comunicación y diálogo de Venezuela con Estados Unidos”, agregó.

En las últimas semanas, Maduro ha hecho varios llamados al diálogo con Biden tras cuatro años de duros enfrentamientos con el gobierno de Trump, que lo tacha de “dictador” y que reconoce al líder opositor Juan Guaidó como presidente encargado de Venezuela.

“La política de Donald Trump sobre Venezuela fracasó estrepitosamente”, zanjó el mandatario socialista.

Washington ha tenido una política de enfrentamiento frontal con Maduro, con una avalancha de sanciones contra el país, que incluyen un embargo petrolero.

Biden, que asume el poder el 20 de enero, ha dicho igualmente que el mandatario venezolano “es simplemente un dictador”, aunque analistas creen que será más moderado y abogará por una mediación internacional para una gradual transición hacia un nuevo gobierno venezolano.

Las tensiones entre Caracas y Washington han sido constantes desde la era del fallecido expresidente socialista Hugo Chávez (1999-2013), pero alcanzaron nuevos picos con Maduro y Trump en el poder.

Trump incluso llegó a decir que “todas las opciones” estaban en la mesa en la crisis venezolana, en alusión a una vía militar.

Maduro aseguró el martes que la relación entre Caracas y Washington era mejor durante el gobierno de Barack Obama, de quien Biden era vicepresidente, aunque comenzó a deteriorarse en 2015 con el decreto en que se declaraba a Venezuela una “amenaza inusual y extraordinaria” a la seguridad de Estados Unidos.